Crónica - Canción a Quemarropa
Rubalcaba: más allá del Latin.

Pasados solo cinco minutos de las nueve de la noche, la formación de Gonzalo Rubalcaba se presentaba en la Sala de Cámara del Auditorio de Tenerife con la intención de responder al aficionado que había esperado algún tiempo para observar las evoluciones de este teclista nacido en La Habana y afincado en Florida (USA). Rubalcaba comenzó la cita presentando a sus músicos, algo que, confesó, no es su tónica habitual. Y se trata de nombres que debemos guardar en la memoria. Pueden ser en breve el relevo de los grandes del género. No es fácil enriquecer el quehacer del genio. Mike Rodríguez, a la trompeta, Clarence Penn, a la batería (que curiosamente no contaba con sonorización), Will Vinson al saxo alto y Matt Brewer al contrabajo, seguían la velocidad de vértigo de Gonzalo. Después nos dejó claro que iba a interpretar su último disco que lleva por título “Avatar” y comentó, con cierta sorna, “que saqué hace dos años – con eso está dicho todo-”. Después de esta presentación no hubo necesidad de más contacto con el público. De hecho, solo teníamos que recostarnos en nuestro asiento y... a disfrutar. Esto claro, si la música te dejaba. Había momentos frenéticos que el ritmo tenía que ser agradecido con palmas por el espectador.

El quinteto demostró estar en plena forma. Se notó que no han dejado de girar y de actuar. Gonzalo tiene a toda su banda absolutamente afinada a un objetivo: la calidad ¿Cómo justificar título de esta crónica que el pianista está más allá del Latin Jazz? Un ejemplo que podemos citar está en la segunda canción de la cita, la excelente y orientalista, “Aspiring to Normalcy”. Ahí el quinteto demostró su calidad. El tiempo se para. Todo el público parece estar dentro de embrujo, de un excelente hechizo. Y la audiencia se entrega a los brazos de la banda. En ese instante, Mike Rodríguez deja la trompeta y coge el fliscorno demostrando, de tal guisa, la posibilidad que tiene de cambiar de registro sin ningún tipo de problemas, sin mermar el resultado.

El evento transcurre y las canciones van sonando, poco a poco Rubalcaba fue desgranando las canciones de “Avatar”. Tocaron “Infantil” una canción dedicada al guitarrista John Mclaughlin, que fue uno de los momentos más álgidos del show. En un momento, cercano a la hora de show, muy respetuosamente, saxo y trompeta abandonan la escena. Entonces es cuando Rubalcaba demostró que puede defender las canciones también a trío. El Auditorio de Tenerife desapareció y se volvió club. Precisamente la fina tarima del Auditorio era el freno para no jalear, para no expresar con alegría a cada toque de la precisa tecla de Gonzalo. Estos jaleos se quedaron en intento, en aplausos después de cada solo. Alguien tuvo la tentación de decir algún “yeah”. Como si estuviésemos en un pub de Harlem, como si el trío estuviera envuelto en un humo de cigarro y el añejo olor a bebida ¡Qué bien sonó la lenta Peace! Ese es uno de los fuertes del quinteto. Hacernos volar. Ante ello podemos aceptar el convite o, también, resistirnos. Hay que dejarse llevar por que el viaje propuesto merece la pena. Es un paseo, como me definiría un miembro de la organización del XIX Festival Canarias Jazz & Más, más allá del Latin Jazz. Hace tiempo que Rubalcaba emprendió ese viaje y no está dispuesto a regresar.

Alguien pudo pensar, más teniendo en cuenta la procedencia del pianista, que la noche iba a ser pura música caliente, latina. No, la simbiosis está hecha y ha sido completada con éxito. Rubalcaba ha atomizado el be bop y lo ha mezclado con sus ritmos pero con soberana inteligencia ha logrado que un estilo no tenga diferencia con el otro. Tras un precioso y solitario “bis”, Gonzalo Rubalcaba se despide a la hora y curenta minutos de show y el público abandona sus butacas, a mi juicio, con ganas de más. Siempre queda un caudal de ganas cuando la banda se expresa tan nítida, con tanto sentido en el escenario y ya estamos esperando que vuelvas, Gonzalo Rubalcaba.

18/07/2010

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